jueves, 20 de marzo de 2008


"El Monte Pindo es una impresionante mole de granito rosa que se alza sobre el pueblo de O Pindo. La ascensión de dificultad media perfectamente señalizada se hace en unas dos horas y media. Durante esta subida, se pueden contemplar enormes piedras de las más variadas formas, así como especies únicas de flora y fauna. Su punto más alto, la Moa, está situado a 627 metros de altura. Desde allí, se observa una impresionante vista de toda la Ría.
Considerado Olimpo Celta, su historia está llena de leyendas de tesoros, ritos de fecundidad y sacrificios, y testigo de cultos paganos como demuestra la existencia de una inscripción de excomunión. Durante la Guerra Civil y posteriormente a la contienda, multitud de republicanos se refugiaron en él.
En el Siglo X, por orden del Obispo Sisnando, se construyó el Castillo de San Jorge en la falda del monte, para proteger las tierras de los ataques de los piratas medievales. Diversas familias nobles de Galicia fueron sus dueños hasta que fue destruido en el año 1467 por la revuelta de los Irmandiños.
La subida comienza en la parte posterior de la Iglesia de San Clemente. Allí podemos ver el panel explicativo de lo que nos espera en la subida. Comenzamos la subida, cruzando un pequeño puente sobre un riachuelo y continuamos por un camino estrecho limitado a ambos lados por hileras de piedras. Estas piedras, a la vez que subimos, se vuelven más grandes dibujando formas antropomorfas. A la derecha podemos contemplar la impresionante playa de Carnota y la aldea de Quilmas. Hacia la mitad de la subida, aparece ante nosotros las ruinas del antiguo castillo de San Jorge, en la actualidad un montón de piedras apiñadas. La vegetación comienza a escasear y, si tenemos suerte, podemos ver manadas de caballos salvajes. Cuando llegamos a la cumbre, el espectáculo que se nos presenta a la vista compensa todo el esfuerzo realizado: toda la ría se encuentra a nuestros pies. Desde este promontorio divisamos Cabo Finisterre, la Ría de Corcubión, la desembocadura del Xallas y las poblaciones de Carnota y Quilmas. En la inmensa mole granítica que forma la Moa podemos contemplar restos de petroglifos probablemente dedicados a la realización de ritos sagrados."
Al contemplar estos días esas llamas sangrientas devorando el monte, al pensar en posibilidad real de que sean manos humanas las que hayan provocado esas lágrimas de fuego, al ver tanto dolor en las entrañas de la tierra, he recordado un hermoso poema de Rosalía de Castro, titulado: Una sombra tristísima, indefinible y vaga ...
Una sombra tristísima, indefinible y vagaComo lo incierto, siempre ante mis ojos vaTras de otra vaga sombra que sin cesar la huye,Corriendo sin cesar.Ignoro su destino...; mas no sé por qué temoAl ver su ansia mortal,Que ni han de parar nunca, ni encontrarse jamás.

No hay comentarios: